Por cuarta vez consecutiva, las aventuras de Tintín vuelven a desplazarse al mar. En esta ocasión, y continuando con la trama iniciada en "El secreto del Unicornio", Tintín y el capitán Haddock -nuevamente protagonista casi absoluto de la historia- se embarcan en el Sirius para acometer la búsqueda de un tesoro, el que el pirata Rackham el Rojo había acumulado a lo largo de sus abordajes y que el caballero Francisco de Hadoque supuestamente había rescatado y ocultado. Como el viaje con sólo ellos dos y la tripulación habría resultado muy aburrido, en el último momento se incorporan a la expedición los policías Hernández y Fernández y el profesor Tornasol. El desquiciamiento contínuo que estos personajes ocasionan al capitán Haddock sirve, no sólo para convertir el relato en desternillante, sino también para continuar definiendo y moldeando la personalidad del capitán, cuya indudable pericia y experiencia al mando de un buque sirvió finalmente para compensar las contínuas torpezas y meteduras de pata de tan singular tripulación.

En este sentido cabe destacar algunas escenas que contribuyen especialmente a precisar la personalidad y el carácter del capitán Haddock:

  • La secuencia previa al inicio del viaje: el capitán está lleno de dudas sobre si debe o no zarpar debido a un "mal fario" que cree que pesa sobre él. Tintín -que ya le conoce perfectamente- idea una estratagema para animarle: inisinúa delante de Hernández y Fernández que el capitán tiene miedo de acometer el viaje. Cuando éstos le preguntan si tiene miedo, su reacción es inmediata y sus dudas desaparecen en el acto ("¿Yo miedo? ¿Miedo de qué? ¿De quién? ¿De usted puede ser?..."). Y es que ¿puede haber algo más humillante que personajes como Hernández o Fernández le acusen a uno de miedoso?
  • Los contínuos y radicales cambios de humor durante la búsqueda del tesoro en la isla: pasa de ser un hombre completamente feliz -incluso saluda amablemente a los loros que le insultan-, a ser un hombre hundido y malhumorado cuando surgen contratiempos importantes. En uno de estos arrebatos está a punto incluso de machacarle el cráneo al profesor Tornasol con un pico ("¡Esta vez lo mato! ¡Que lo parta un rayo!...").
  • Su fina ironía y sentido del humor cuando presenta al profesor Tornasol como su secretario para desembarazarse de un periodista pelmazo.


En cuanto al relato en sí creo que es de los más brillantes, por no decir el que más, de toda la serie de aventuras de Tintín. Comienza con toda la secuencia de preparativos para la expedición -que incluyen la aparatosa irrupción del profesor Silvestre Tornasol en el universo de Tintín-, y continúa con un viaje apasionante por mares tropicales, repleto de aventuras, éxitos, fracasos, esperanzas y decepciones con un protagonismo casi absoluto de un capitán Haddock en permanente lucha consigo mismo y con su corte de desquiciadores oficiales. Finalmente, y una vez de regreso a casa, todo se resolverá en el lugar más inesperado.

Aunque es la tercera ocasión casi consecutiva en que el capitán Haddock aparece comandando un barco en una aventura marítima, "El tesoro de Rackham el Rojo" supone también su jubilación como marino, si exceptuamos la breve comandancia del "Ramona" en "Stock de coque". Su brusco cambio de status al instalarse en el castillo de Moulinsart (ese precioso castillo en un espléndido paraje donde todos los tintinófilos nos hemos imaginado viviendo alguna vez) le hacen convertirse en una especie de aristócrata, más acorde con su nueva residencia, y así aparecerá en el inicio del siguiente relato: "Las siete bolas de cristal".

El castillo de Moulinsart no es inventado, está inspirado en uno de los castillos más hermosos del valle del Loira: el castillo de Cheverny. Hergé lo encontró en un folleto turístico que andaba por su mesa y decidió adoptarlo como la mansión que Luis XIV regaló al caballero Francisco de Hadoque y que finalmente acabó en manos del capitán Haddock y el profesor Tornasol. Eso sí, lo convirtió en una residencia algo más modesta suprimiendo las dos alas laterales y dejando sólo la parte central, tal como se aprecia en las imágenes.


Castillo de Cheverny

Este castillo destaca, además de por su belleza, por su fastuoso mobiliario, que pasa por ser uno de los más valiosos y mejor cuidados de todo el valle del Loira. Actualmente alberga la exposición permanente "Los secretos de Moulinsart", dedicada al universo de Tintín. Véase más información en:


http://www.elmundo.es/2001/07/02/cultura/1016867.html

El nombre "Moulinsart" proviene de la inversión del nombre de un pueblo belga, Sarmoulin, y a veces es referenciado en las aventuras de Tintín como "Castillo del Molino" (Moulin en francés). Asímismo sus antiguos habitantes -Los hermanos Pájaro- son mencionados en "Las joyas de la Castafiore" por su nombre original en francés, los hermanos Louiseau (algo así como "Los pájaros").


¿Tintín o Pepito?

A finales de 2008 el periodista, locutor radiofónico y coleccionista compulsivo Jordi Tardá presentó una colección de más de 400 objetos relacionados con el mundo de Tintín y Hergé entre los cuales se hallaba uno bastante sorprendente: se trata del original de la primera traducción que se realizó al español de "El tesoro de Rackham el Rojo". En ella aparecían todas las referencias a Tintín con el nombre "Pepito" tachado y en su lugar puesto el de Tintín, lo que implica que el personaje de Hergé pudo llegar a España con ese nombre. Por suerte alguien rectificó a tiempo y Tintín conservó en España su nombre original, cosa que no hicieron otros personajes como Hernández y Fernández (Dupond y Dupont en el idioma original).



El tesoro de Rackham el Rojo
Título original Le Trésor de Rackham le Rouge
Año 1944
Reediciones  
Personajes nuevos Silvestre Tornasol